Los productos a medida se siguen vendiendo con un formulario de contacto y una llamada posterior. Desarrollo configuradores 3D con precio en tiempo real y presupuesto automático que funcionan en su propio dominio, con su marca y con sus reglas de precio, pensados para fabricantes de ventanas y para rotulistas.


Los dos funcionan con catálogos de demostración reducidos y precios orientativos, hechos para enseñar el mecanismo de principio a fin. Su catálogo, sus límites de medidas y su lógica de precios sustituirían todo eso por completo.
Una ventana y una letra corpórea son productos a medida, se valoran con una fórmula que el taller ya conoce y terminan en una especificación que una máquina tiene que leer. El motor es el mismo; el catálogo, la geometría y la salida de producción, no.
Para fabricantes de ventanas y puertas de PVC, carpinterías, sistemistas y redes de distribuidores. Una demostración funcional que puede recorrer usted mismo, hecha para configurarse con su catálogo.
Para fabricantes de rotulación corpórea: letras corpóreas y letras de canal, cajas de luz, rótulos de fachada, tótems y monolitos.
El plazo de entrega depende de una sola cosa: el tamaño y la complejidad de su gama de producto. Una gama concreta avanza rápido; un catálogo multimarca con tarifas por distribuidor lleva más tiempo. En lugar de dar una fecha que después tendría que corregir, primero defino el alcance sobre su gama real, y entonces la fecha y la cifra quedan cerradas.
Veinte minutos. Qué fabrica, cómo lo valora, en qué punto de su web encaja un configurador y a quién tiene que servir dentro de su empresa.
Por escrito después de la llamada: qué se desarrolla, el plazo de entrega para su catálogo concreto y el coste. Sin encargos abiertos.
Productos, sistemas de perfil, materiales, acabados, herrajes, límites de medidas y reglas de precio, configurados y contrastados con presupuestos que usted ya ha emitido, para que las cifras que salgan coincidan con las que habría sacado usted.
Alojado y mantenido por mí si no tiene infraestructura donde ponerlo, o desplegado en la suya si la tiene. Sus clientes ven su web en todo momento.
Sin gestor de cuenta, sin cola de tickets, sin fase de descubrimiento facturada por semanas. Habla con la persona que escribe el código, y por eso definir el alcance cuesta una llamada y no un mes, y por eso un cambio se resuelve en días y no en un ciclo de versión.
Trabajo en informática desde 2001. Primero hardware, luego redes, luego servidores, y después la nube y los sistemas de copias de seguridad que lo sostienen todo. Autodidacta en todo momento, porque la afición vino antes que el trabajo y nunca dejó de ser afición. En algún momento me saqué la certificación de tester de software, que sobre todo me enseñó a desconfiar de mi propio código.
Durante la mayor parte de esos años escribí software para mí mismo: herramientas para gestionar parques de servidores, para desplegar redes, para que las copias de seguridad no mintieran. Un colaborador me puso delante un problema de un oficio del que yo no sabía nada y me preguntó si el mismo enfoque valdría allí. Valió. Lo que empezó como un reto son hoy dos productos funcionales, y los dos están construidos como construyo las herramientas de infraestructura. Las reglas viven en el sistema y no en la cabeza de una sola persona.

Desarrollo configuradores de producto en 3D y sistemas de presupuestación para fabricantes de ventanas y de rótulos. El software es mío, construido desde cero. Acepto un número reducido de despliegues a la vez, para que cada catálogo se monte bien y no deprisa. Vea cómo trabajo.
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